lunes, 28 de mayo de 2012

Dos fragmentos poéticos de Bonifaz Nuño

Tengo una debilidad por la poesía amorosa de Rubén Bonifaz Nuño. He aquí dos fragmentos de su largo poema de 1958  "El manto y la corona":


Porque tú lo mandaste al despedirnos,
porque soy cosa tuya, he procurado
no sufrir. He querido que no sientas
ningún dolor por causa mía
en este dedo chico de tu mano
que es hoy mi corazón. Porque te quiero
te digo: “No he sufrido”.

Dejo ya de escribirte
para seguir pensando en ti. Comienzo
a tratarte de “usted” en mi memoria.
Usted no me ha olvidado;
Yo la estoy esperando. Usted lo sabe.


[...]

Cuando me he despedido
de ti, después de un día de tenerte,
y camino de gusto por las calles,
ay, cómo compadezco
a los que tú no amas, que no saben.
Y me dan ganas de abrazarlos
a todos, de gritarles que la vida
es buena; que tú vives, que debemos
obligatoriamente ser felices.
O de echarme en el suelo boca arriba
con los ojos cerrados,
y cuando alguno llegue a preguntarme
si algo me pasa, contestar: “Es sólo
que soy feliz porque la quiero.”

domingo, 27 de mayo de 2012

Caballo de guerra

Linda película, con ese estilo dulzón y hasta de pronto cursi que distingue a su director, Steven Spielberg, pero entretenida, espectacular, muy bien filmada y en momentos, sí, conmovedora. War Horse es un buen filme, en el que se narra la historia de un caballo (Joey) y cómo va pasando de dueño en dueño hasta inmiscuirse en la Primera Guerra Mundial. Un poco -o un mucho- en el estilo de cintas como El rifle o El violín rojo, en las cuales un objeto (en este caso más bien un animal) pasa de mano en mano y da pie a diferentes historias unificadas por el propio objeto (o animal), la película nos hace pasar un par de horas muy amenas y emocionantes. La historia es la adaptación de una novela infantil homónima de Michael Morpurgo y tiene un estupendo cuadro de actores. Bastante recomendable si se quiere pasar un buen rato.

sábado, 26 de mayo de 2012

Estudiantes*

Uno los mira y no puede dudar de su entusiasmo, de su frescura, de una espontaneidad que se ve sincera en la enorme mayoría de ellos, de ellas. Gente hermosa, sonriente, rumbosa. Gritan, cantan, caminan, corren, saltan. Son jóvenes, rebosan vida, alegría, jolgorio. Son coloridos, ingeniosos, divertidos. Hacen de sus marchas happenings, una fiesta de voces, cantos, lemas, consignas. Río de vitalidad que brota como un torrente y lo inunda todo a su alrededor. Uno los mira y quiere confiar en ellos, en su enjundia, en sus deseos por un país mejor, por un México justo, pacífico, democrático… y sin embargo…
  Hay algo que me brinca en estas manifestaciones estudiantiles, las que se iniciaron después de la infortunadísima visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana. Quiero creer en ellas y de hecho creo en la buena voluntad de la mayor parte de quienes acuden a las mismas. Sé que lo hacen con autenticidad, con generosidad, con magníficas intenciones… y sin embargo…
  ¿Qué es lo que no termina de convencerme? ¿Por qué no puedo comparar esto con el movimiento estudiantil de 1968? Vamos, ni siquiera con la primavera árabe. Dicen –e insisten mucho en ello– que son apartidistas. No obstante, varias de sus peticiones corresponden, exactas, con las de uno de los candidatos a la presidencia. “¡Queremos que el debate sea en cadena nacional!”, exigen. Lo mismo que exige López Obrador. Dicen que las encuestas son manipuladas. Lo mismo que dice AMLO. Acusan de vendidos a los mismos medios y periodistas que acusa de vendidos la gente del tabasqueño. Piden que se vote en forma consciente y gritan “¡ni un voto al PRI!”. ¿Apartidistas? No lo parece.
  Yo tampoco voy a votar por el PRI y celebro esta súbita explosión juvenil (si bien me queda claro que no representa a TODA la juventud mexicana). Lo único que me desconcierta es ese afán por decir que no apoyan a candidato alguno. En ese sentido, nada pierden con reconocer algo que resulta tan obvio. 
  Ojalá mantengan la misma actitud festiva y pacífica de aquí al 1 de julio y a posteriori. Confío en que lo harán.

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

viernes, 25 de mayo de 2012

Californication 5

También terminé de ver la quinta temporada de Californication, igual de buena que las otras cuatro. Este es otro programa que me encanta. Su cinismo y su desparpajo, además de su nivel de transgresión y de amoralidad son refrescantes. Una maravilla, con ese personaje tremendamente delirante que es Hank Moody (interpretado por el gran David Duchovny). Bueno, casi todos los personajes ahí son delirantes. Una serie divertidísima y cáustica a más no poder, de esas que hay que tener y que se pueden ver y reveer, una y otra vez.

jueves, 24 de mayo de 2012

Shameless 2

Terminé de ver la segunda temporada de una de mis series favoritas de todos los tiempos: Shameless, en su versión estadounidense. Si la primera temporada fue fantástica, ésta lo fue todavía más. No conozco programa de televisión más irreverente y transgresor, sin necesidad de quererlo evidenciar (como hacen South Park y otras). Como siempre, las historias extraordinarias, los guiones ingeniosísimos, la ambientación perfecta, la dirección impecable y las actuaciones sublimes. Sexo, violencia, vicios, delito pero también amor, solidaridad, ternura, belleza. Todo ello en la sórdida zona sur de un Chicago marginal y empobrecido.
  La familia Gallagher es un canto a lo guarro conmovedor y a lo noble ojete. Lo que cada uno de sus miembros hace para vivir, convivir y sobrevivir literalmente no tiene madre. El gran William Macy, Jeremy Allen White, Cameron Monaghan, Emma Kenney, Ethan Cutkosky, Shanola Hampton, Steve Howey, Justin Chatwin, Laura Slade Wiggins, Zack McGowan, la increíble Joan Cusack y la bellísima y espléndida Emmy Rossum (sigo enamorado de Fiona) conforman un elenco perfecto, entrañable, magnífico. Una serie que hay que ver y tener y que dudo que alguna vez pase por la tele abierta. Espero con ansias la ya anunciada tercera temporada.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Buen miércoles

Desayuné con Adolfo Cantú en el Vips y platicamos largo y tendido para ponernos al día. Quedamos en hacer algunas cosas juntos, hablamos de política, rememoramos cosas, nos pasamos algunos chismes de mutuos conocidos. En fin, todo muy divertido.
  Más tarde fui a Nexos por mi cheque de este mes, de ahí al banco y tras larga y calurosa caminata llegué al depto. Alain ahí la lleva en Quintana Roo. Un buen día.

martes, 22 de mayo de 2012

Mi odio por Donna Summer y Robin Gibb

No se me malinterprete. No es que haya trasladado el actual encono político a los terrenos de la música ni que me quiera ensañar con la memoria de dos figuras tan recientemente desaparecidas.
  Lo que sucede es que al enterarme de las muertes de Donna Summer y Robin Gibb, vino a mi mente lo aborrecible que me resultaba la música disco por allá de mediados de los años setenta del siglo pasado. En verdad la odiaba. Como roquero a ultranza que era yo en esa época (bueno, de una y muchas maneras lo sigo siendo), la irrupción de esa musiquita rítmica y edulcorada me pareció vomitiva. Las estaciones de radio nos inundaban con aquellos beats repetitivos y aquellas orquestaciones cursilísimas… y agréguense los pasos de baile, las coreografías, las vestimentas, los peinados, Travolta, ¡uf! Aquello era horripilante (y se pondría peor en los ochenta). Muchos lo veíamos como un verdadero atentado contra "la pureza" del rock. Era música de fresas y para fresas. Vacía. Hueca. Desechable. Detestable.
  ¿Eran radicalismos de un joven fundamentalista (yo tenía veinte años en 1975)? ¿Habré madurado y cambiado mi parecer luego de tanto tiempo? Sí… y no.
  Debo aceptar que ya no me dan punzadas en el estómago cuando suenan las notas de “Hot Stuff” o de la inefable “Staying Alive”, con las tipludas voces de los hermanos Gibb. Incluso puedo reconocer en la música disco ciertos valores de producción y hasta que marcó una época dentro de la música popular, etcétera. Pero ponerme a escucharla, sentir que me trasmite algo…, no, en absoluto.
  No hay más odio de mi de mi parte hacia Donna Summer o Robin Gibb. El punk llegó a tiempo para salvar la dignidad del rock y devolverme la salud mental. Lamento ambas muertes, pero no la permanencia de su música, aun cuando sé que a millones les encanta y que hasta los Rolling Stones grabaron cosas tan lamentables como “Emotional Rescue”.
  Así que no me lo tomen a mal. Sólo soy el portavoz de algunos cuantos rocanroleros disidentes que en cierto momento gritamos: ¡Muera la música disco!”.

*Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" en la sección Hey! de Milenio Diario.

lunes, 21 de mayo de 2012

Perder amigas

Siempre me he preciado de tener muchas y muy buenas amigas. Así ha sido sobre todo durante digamos la década más reciente. Con algunas tengo una relación muy estrecha, con otras no tanto. Las hay a quienes veo con cierta frecuencia y a otras sólo de vez en cuando. Las hay de carne y hueso y las hay virtuales (que con el tiempo llegan a convertirse en carne y hueso). En general las quiero mucho y de varias soy una especie de doctor corazón (por alguna razón les doy confianza). Todo estaba bien con ellas y lo sigue estando, menos con algunas con quienes de pronto, por cuestiones partidistas -ya que no podría decir que ideológicas-, he tenido ciertas diferencias.
  Varias de ellas son antipeñistas y otras además abiertamente pejistas y se irritan cada vez que hago comentarios en Milenio, en este blog o en facebook. Con algunas he tenido discusiones y al menos ya van tres a quienes temo haber perdido por un buen tiempo, si no es que para siempre. Gajes del oficio de opinar de la manera como lo hago (hoy me decía Fernando Rivera Calderón, por teléfono, que cómo me gusta provocar... y sí, me gusta). Sin embargo y por fortuna, hay otras amigas que saben dialogar y otras más que concuerdan conmigo, entre ellas dos que son importantísimas en mi vida.
  Hace seis años, en 2006, mis dos hermanos varones dejaron de dirigirme la palabra por completo, me echaron de sus vidas, por su filiación lopezobradorista. Uno falleció en 2008, el otro en 2010. Se me fueron sin que pudiéramos volver a hablar. No me querían ver, por mis críticas periodísticas a AMLO y por no creer en el supuesto fraude contra éste. Fue terriblemente doloroso y triste que se rompiera una unidad fraternal, una hermandad de décadas, de toda la vida, por causas en el fondo tan baladíes.
  Las tres amigas que dejaron de hablarme no tienen real importancia en mi vida, pero son un signo de cómo la intolerancia y el rencor partidista se incuban dentro de una atmósfera de odio y encono. Eso nadie me lo ha contado, lo he vivido en carne propia. Lamentable, sí, pero así están las cosas.

domingo, 20 de mayo de 2012

Un inquietante poema de Bukowski

El genio de la multitud

Por Charles Bukowski

Hay suficiente traición y odio, violencia,
necedad en el ser humano corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que predican PAZ.
Aquellos que hablan de Dios
necesitan a Dios.
Aquellos que predican paz
no tienen paz.
Aquellos que predican amor
no tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con aquellos que están siempre
leyendo libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes;
nada son solos.
Cuidado con
el hombre corriente
con la mujer corriente.
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, 
busca lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
Su mejor
ARTE.

sábado, 19 de mayo de 2012

La anomia y el huevo de la serpiente*

A decir verdad, al igual que el 99.99% de los mexicanos, hasta antes de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana yo no había escuchado la palabra anomia, esa misma con la cual, con maliciosa picardía, un estudiante quiso  provocar que el candidato priista volviera a resbalar como lo hizo en la Feria del Libro de Guadalajara, cuando no supo citar tres libros que habían cambiado su vida.
  Para paliar mi ignorancia, acudí al diccionario de la RAE y he aquí lo que encontré:

anomia1.
1. f. Ausencia de ley.
2. f. Psicol. y Sociol. Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación.

anomia2.
1. f. Med. Trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre.

  Dudo que cualquiera de los otros tres candidatos conociera el significado de la dichosa palabra (bueno, en una de esas Gabriel Quadri sí) y seguro se hubieran quedado con la misma cara de juat que tenía EPN al escucharla, pero creo que sí se podría aplicar a la actual situación electoral. Por ejemplo, la definición médica es aplicable a todos los contendientes, habida cuanta de que en sus discursos parecen impedidos de llamar a las cosas por su nombre, mientras que la definición psicológica y social me recuerda aquel momento inolvidable en el cual López Obrador mandó al diablo a las instituciones, al igual que hoy ha mandado al diablo a la piel de oveja de su república amorosa y ha comenzado a desacreditar al IFE de manera temeraria, en algo que parecería la preparación del escenario para sus protestas post electorales (id tomando vuesas providencias, vecinos y habituales del Paseo de la Reforma).
  Estamos ante un caso de anomia que parece anemia: anemia en el respeto a la democracia y anomia ante el desprecio por la decisión que tomen el 1 de julio la mayoría de los electores, si la misma no favorece al ex candidato del amor.
  De pronto, me da la impresión de que los ultras del pejismo están incubando el huevo de la serpiente.

*Publicado hoy en mi columna "Cámara húngara" de Milenio Diario.

viernes, 18 de mayo de 2012

Homeland

Me vi casi de corridito, cada noche, la serie Homeland de la casa televisora Showtime. Impresionante. Tensa. Un thriller político y de espionaje al más alto nivel. Basada en la serie israelí Hatufim, narra la historia de un sargento gringo, Nicholas Brody, quien es hecho preso en Irak, nación en la cual durante ocho años es aislado y torturado, hasta que logran rescatarlo y llevarlo de regreso a los Estados Unidos, donde se le recibe como a un héroe. Todo parece perfecto, pero la agente Carrie Mathison que trabaja para la CIA recibe un informe acerca de que un terrorista llegará a su país para llevar a cabo un atentado y ella sospecha que el hombre es precisamente Brody. Ahí arranca todo y se desarrolla una historia de esas en las que uno está siempre al filo de la butaca (o de la silla, porque la vi en mi compu), llena de retruecanos y vueltas de tuerca, sin maniqueísmos, en la que hay intriga, traición, violencia, sexo, engaños, pasión, problemas familiares, trastornos psicológicos, en fin. El resto de los personajes está muy bien delineado y uno mantiene al aire contenido hasta el final de la temporada (en la que no se resuelven las cosas del todo, para dar paso a una segunda parte que al parecer ya se está filmando y se estrenará en septiembre).
  Brody es interpretado por el estupendo Damian Lewis, mientras que el papel de la intensa y desquiciada Carrie lo desempeña la gran Claire Danes. La secuencia inicial, la de los créditos, es genial. Vaya que Showtime sabe hacer series de primerísima calidad.

jueves, 17 de mayo de 2012

miércoles, 16 de mayo de 2012

Carlos Fuentes

Falleció inesperadamente Carlos Fuentes y a lo largo del día se han dicho mil cosas acerca de él. Los medios y las redes sociales se han llenado de informaciones, recuerdos y opiniones que no viene al caso repetir. Yo prefiero recordarlo como lector que fui suyo, sobre todo en mi adolescencia y juventud, cuando entre los catorce y los dieciocho años leí La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente, Las buenas conciencias, Los días enmascarados, Zona Sagrada y Aura (las tres primeras en aquellas ediciones originales del Fondo de Cultura Económica que tenía mi hermano Sergio en su biblioteca y de la cual tanto abrevé). Ixca Cienfuegos y Artemio Cruz se me quedaron marcados para siempre, al igual que algunos de los cuentos de Los días enmascarados (como "Chac Mool") y la noche en que leí Aura, a principios de los setenta, en la soledad de mi cuarto de madera en la casita donde vivía con mi familia, en la calle Magisterio Nacional, en el centro de Tlalpan: la leí de un tirón, en unas tres horas, y al terminarla quedé tan tenso y nervioso que no pude dormir.
  Luego vendría para mí el Fuentes polemista, analista político y sus múltiples artículos en diversos medios. Sólo hace algún tiempo empecé a leer Los años de Laura Díaz pero no la he terminado.
  Lamento la muerte de este gran literato, no mi favorito entre los escritores mexicanos, pero sí uno de los más importantes. Falleció en plena forma, cuando aún tenía toda su fuerza creativa intacta.
  Una gran pérdida para la cultura mexicana.

martes, 15 de mayo de 2012

McCartney

Más allá de la cursilería de llamarlo Sir Paul o Macca, más allá de que su espectáculo es prácticamente el mismo que viene presentando desde hace diez años (y que puede verse en DVD en los estupendos Back in the US de 2002 y The Space within Us de 2006), más allá de eso, el simple hecho de que se trate de un beatle –uno de los dos sobrevivientes, ambos felizmente en plena actividad, como lo confirma Ringo Starr con su All Starr Band que se presentó el año pasado en el Auditorio Nacional y que entre sus músicos tiene a leyendas como Edgar Winter, Gary Brooker (Procol Harum) o Gary Wright (Spooky Tooth)–, la sola circunstancia de estar frente a una leyenda viviente de la música popular del siglo pasado hace que uno se rinda ante la belleza de su música, tan variada como deliciosa, tan diversa como reconfortante. Paul McCartney es un clásico y aunque de pronto salga con canciones simplonas (John Lennon las calificaba como musak), el público y la mayoría de los críticos terminan (¿terminamos?) por perdonarle todo.
  Fue este mi segundo encuentro con McCartney (lo vi en el entonces Foro Hermanos Rodríguez, en1993, cuando su primera visita a México, y he vuelto a verlo, el martes 6 de mayo, en el Estadio Azteca) y fue un encuentro feliz. Porque eso es lo que hace el ex escarabajo en el fondo: brindar felicidad a lo largo de casi tres horas de música brillante, entrañable, irresistible, divertida.
  A sus casi setenta años de edad, el tipo mantiene una energía de veinteañero y lo que proyecta en el escenario, al lado de sus espléndidos músicos, es una alegría que contagia y que logra trasladar al escucha a otros tiempos quizás idealizados, pero que permanecen en el inconsciente colectivo como reflejo de una época mítica en la que las utopías parecían posibles. Sus composiciones son ya patrimonio de la humanidad, son nuestras, nos pertenecen.
  Me siento afortunado por haber estado ahí hace una semana. Fue un concierto inolvidable, un espectáculo memorable, un encuentro feliz con ese genio generoso y sonriente que es Paul McCartney.
  Estuvo, para decirlo en sus propias palabras, de poca madre.

*Publicado hoy en mi columna "Gajes del orificio" de la sección Hey! de Milenio Diario.